Maquetas
Ya desde mis inicios, desde mis primeros proyectos, he transportado el dibujo al alambre. Creo que nuestra arquitectura describe con precisión aquello que la hace posible, e intenta hacer visibles aquellas líneas imprescindibles, necesarias para su comprensión. No me interesa tanto la razón estructural de estas líneas como el papel que éstas tienen en la concepción del proyecto. Son estas líneas las responsables de verificar la oportunidad de cualquier dibujo, su necesidad.
El dibujo en el espacio (Picasso pintando con luz) me permite comprobar de una manera eficiente la validez del mismo dibujo.
Evidentemente estas construcciones con alambre forman parte del proceso. Nuestras construcciones espaciales nunca se hacen del proyecto acabado. Seguramente los medios actuales visualizan mucho mejor un resultado que no estas construcciones. Estas se hacen únicamente para nuestra propia comprensión, y en cualquier caso ayudan en la búsqueda de la coherencia interna del propio proyecto.
En realidad esta manera de trabajar transforma nuestro taller en un espacio de investigación, de desarrollo sistemático del proceso de diseño, lo que nos permite un discurso propio y personal más allá de una producción estrictamente arquitectónica.
Y nos permite de hablar también en nuestra conversación de la naturaleza, como origen de todas estas geometrías y aspiraciones transformadas en arquitectura y que seguimos redibujando, para comprenderlas, para comprender, buscando una razón de ser.
Mi trabajo docente en este sentido adquiere connotaciones más instrumentales que conceptuales y permite un ámbito personal al alumno absolutamente independiente del mío, que es a mi juicio, de lo que se trata. La distancia que puede haber entre el trabajo de éste y el del profesor puede ser una buena medida de nuestra capacidad docente.
